«La suerte los tocó» con un botín medieval valorado en 6 millones de euros.

El hallazgo, 2.600 monedas de 1.000 años de antigüedad, se realizó por casualidad en Somerset (Inglaterra) y constituye la colección más grande hasta el momento

El estudio del Museo Británico determinó que muchas de estas monedas pertenecían a peniques de la época en la que gobernaba el rey Haroldo II de Inglaterra, que murió en 1066

Aunque lo descubrieron en el mes de enero, el hallazgo se mantuvo en secreto hasta que el Museo Británico pudiera concluir el análisis del tesoro.

Las monedas probablemente fueran enterradas entre los años 1066 y 1072, tal y como declaró a « Daily Mail » Nigel Mills, experto en monedas y consultor del grupo de subastas de Londres Dix Noonan Webb. «Los romanos enterraban sus monedas para los dioses, pero en este caso se hizo para esconderlas y el propietario murió antes de que pudieran ir a recogerlas», explicó.

El estudio del Museo Británico determinó que muchas de estas monedas pertenecían a peniques de la época en la que gobernaba el rey Haroldo II de Inglaterra, que murió en 1066, siendo el último anglosajón que gobernara, y el predecesor del rey normando Guillermo el Conquistador

Adam Staples y Lisa Grace tuvieron un golpe de gracia el pasado enero. Salieron con dos detectores de metales a buscar algo nuevo por el campo verde de Somerset (Inglaterra) y descubrieron, nada más y nada menos, que 2.751 monedas de la época del rey Haroldo II de Inglaterra, es decir, de 1.000 años de antigüedad.

«Podemos confirmar que se ha descubierto un gran tesoro de monedas de época tardía en Anglosajonia y Normandía», resaltó un portavoz del Museo Británico de Londres. «Parece que este es un gran descubrimiento», recalcó. Como el Museo Británico las ha catalogado como tesoro, Staples y Grace tuvieron que ceder las monedas a este, ya que si no lo hacían estarían infrigiendo las leyes en este tema. Ahora, tras la valoración económica del tesoro –que aún no ha tenido lugar–, los descubridores se llevarán en beneficios el valor económico de las monedas, además del 50 por ciento que resulte de la tasación del hallazgo.